Nuestra corporación, desde sus orígenes ha rendido culto y acompañado al Santísimo, pero es en el pasado 15 de mayo cuando se han cumplido 70 años del reconocimiento oficial del Arzobispado de este título de “Hermandad del Santísimo Sacramento”, como le gustaba llamarla a nuestro querido Hermano Fernando Machuca, recientemente desaparecido, porque así es como se la nombra en este escrito arzobispal.

Para celebrar este Triduo Sacramental, se ha montado un altar para exponer el Santísimo en su Custodia de plata sobredorada, obra de Manuel de los Ríos, y que se ha colocado sobre una esbelta peana dorada, escoltado por dos ángeles plateados procedentes de la antigua peana de la Virgen realizados con modelos de Buiza.


Portan en sus manos espigas doradas y uvas antiguas de cristal, como símbolos del cuerpo y la sangre del Señor, uvas y trigo que se repiten en diversos elementos decorativos del altar.

El corporal sobre el que se asienta la custodia es de encaje de plata del siglo XIX y se usa como pañuelo de la Santísima Virgen, nada mejor para posar el Santísimo Sacramento que algo que ha estado en sus benditas manos.

Bajo la custodia se ha colocado un exquisito centro de flores de talco y mostacillas de manufactura monjil del siglo XIX con una preciosa mariposa posada en sus flores recordando una copla que cantan los Seises estos días ante el Santísimo en la Catedral y que dice así:

“Cual mariposa
que en blanca rosa
su sed apaga
con ansia loca,
poned la boca
sobre esa llaga,
mirad que sabe a mieles
y aromas de claveles. “

 

A ambos lados del altar se han colocado piñas de velas y las jarritas del palio con rosas y calas, todo en tonos blancos, color litúrgico que corresponde a la Solemnidad del Corpus, aderezado además con espigas, uvas y romero.

El bajo del altar se ha adornado con paños bordados del siglo XIX bordados en tisú de oro y sedas y que llevan el Cordero sobre el libro de los siete sellos y el Pelícano, ambos símbolos Eucarísticos.

 

La mesa de altar se ha revestido con paños bordados y se ha colocado un óvalo con la Pura Concepción, devoción íntimamente unida al Santísimo Sacramento, como en ese alabado que los antes nombrados Seises, padrinos de la Coronación de nuestra Madre de las Angustias, entonan tras la Bendición de Su Divina Majestad y dice así :

“Alabado sea
el Santísimo Sacramento
y la Inmaculada Concepción
de la siempre Virgen María,
Nuestra Señora concebida,
sin mancha de pecado original,
desde el primer instante de su ser natural.”

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