Hace años se acuñó el concepto “chabolismo vertical”. Con él se intentaba expresar el deterioro urbanístico y social de algunas zonas de grandes ciudades. De sobra es conocida la realidad de que Sevilla es una de las ciudades con mayor desigualdad de España. Seis de los quince barrios con menor renta per cápita del Estado español se hallan en la ciudad hispalense; es decir, el cuarenta por ciento de esos quince barrios con mayor riesgo de exclusión social y vulnerabilidad son sevillanos.
Uno de estos barrios donde el chabolismo vertical resulta más evidente es el Polígono Norte. En el Distrito Macarena, situado al norte de la ciudad, cuenta con una zona que sorprende por su alto deterioro: la conocida como Hermano Pablo. Allí trabaja la ONG Manos Abiertas con Norte.
Manos Abiertas con Norte es una asociación vinculada a La Salle que trabaja con los niños y jóvenes de la zona, educando en valores a través del juego y el deporte. La Hermandad de Los Gitanos ha colaborado con ella facilitando la equipación deportiva para su equipo de fútbol mixto, un proyecto educativo que persigue la cooperación entre iguales, la colaboración mutua y la empatía hacia el compañero y la compañera.
El pasado lunes 22 de junio, dicha asociación inauguró un mural inclusivo en la plaza Enrique Murillo, en la zona de Hermano Pablo, que, bajo la dirección de la joven pintora Marta Bravo Maeso, fue elaborado por los chicos y chicas atendidos por la asociación y que tenía por objetivo visibilizar la necesidad de rehabilitación de esta zona depauperada de la ciudad.
Al acto acudieron la delegada del Distrito Macarena de Sevilla, María Tena; junto a ella, nuestro hermano, hermano de la Macarena y director del Distrito, Manuel Loreto; una representación de las hermandades de la Macarena y Pino Montano; el coordinador en Sevilla de la Plataforma del Voluntariado Social de Sevilla, Armando Rotea; la presidenta de Manos Abiertas con Norte, Marta Bravo, junto a las voluntarias y voluntarios de la misma; una delegación de la Hermandad de Los Gitanos encabezada por nuestro Hermano Mayor, Emilio Jiménez, junto a nuestra delegada de la Bolsa de Caridad, Reyes Vega, y nuestro ex Hermano Mayor, Antonio Vargas, vecino del Distrito Macarena; y, cómo no, los verdaderos protagonistas de esta historia: los niños y niñas, Kinita, Dolores, Salvi, Ramón y otros muchos que son beneficiarios de los programas que Manos Abiertas desarrolla por el barrio.

Antes de la inauguración del mural propiamente dicha, la coordinadora de la ONG, María Arce, condujo a los presentes a la zona donde los niños y niñas de Manos Abiertas jugaban antaño. Allí enseñó a los asistentes las condiciones insalubres del lugar: suciedad, ratas como caballos, bloques de viviendas en pésimas condiciones y agua estancada; “la misma agua —contó María— con la que hacen los biberones las familias de una zona con una alta tasa de natalidad”. Se trata de una zona en la que una niña, que como fiel escudera acompañaba a María desde su bicicleta, se tapaba la nariz y la boca con su camiseta para paliar el hedor que desprende la degradación. Estas condiciones impiden a los chicos seguir jugando en el lugar.
Por eso decidieron hacer el mural en la plaza contigua, la plaza donde ahora intentan cubrir carencias a través del juego comunitario. Ese era el verdadero sentido de la inauguración del mural, en el que se puede observar fácilmente la presencia de la bandera gitana como muestra de la importancia poblacional de la comunidad a la que representa la enseña azul y verde en la zona: visibilizar la degradación de esta parte del Polígono Norte y la necesidad de actuar sobre ella para revertir una situación que amenaza con convertirse en crónica, condenando injustamente a los muchachos y muchachas de la zona a un futuro incierto, a la estigmatización y a la falta de perspectivas ciudadanas.
No sabemos si podrá llegarse a revertir la situación en un tiempo razonable, tiempo que casi no existe y sobre el que el futuro dirá si ha sido el adecuado para cumplir los objetivos, pero sí que sabemos que Manos Abiertas ha actuado con sapiencia y más que buena voluntad. Juntando en un mismo acto a administración municipal, hermandades, voluntarios, chavalería y vecinos, ha mostrado un camino de esperanza. Un camino en el que todas las manos serán necesarias, lleno de retos y esfuerzos, nada fácil, pero extremadamente necesario, y al que tendrán que unirse, irremediablemente, más actores.
Manos Abiertas con Norte hace una labor buena y necesaria. Cuando observamos su trabajo, recordamos las primeras palabras que Dios dirige al ser humano cuando lo encuentra: “No tengáis miedo”. La Hermandad de Los Gitanos recuerda, a su vez, la advertencia del Papa Francisco: “El miedo es la actitud de un alma encarcelada”.
Reconocemos que el miedo es un sentimiento muy humano, pero entendemos que el motor de la vida es la confianza y la cooperación. Así que ahí estamos, dispuestos a trabajar, en la medida de nuestras posibilidades, para hacer de nuestra ciudad un lugar más humano, más habitable, más de Cristo.
José Manuel García Ibáñez
Juan Antonio García Rodríguez

