Celebramos los cultos en honor de María Santísima de las Angustias. Antiguamente se celebraban al año dos triduos en honor de la Virgen, que fueron unificados para adecuar estos cultos a la advocación de la Santísima Virgen en la primera de sus Angustias, cuando en la presentación de Jesús en el templo el anciano Simeón le predice, “una espada te traspasará el alma” (Lc 2, 35).
Con este motivo la Santísima Virgen preside su altar de Triduo, ataviada con saya azul de terciopelo bordada en oro por Fernández y Enríquez y manto morado bordado en oro por el mismo taller con diseño de Antonio Dubé de Luque.

El tocado que es un encaje del siglo XIX, de tul con una bella guirnalda de rosas que lo remata, fue donado por una Hermana anónima. El pañuelo es una preciosa pieza antigua bordada sobre nipis de factura filipina y donado por su camarera Antonia Sánchez. Los puños fueron donados por Francisco Conde y son un encaje tipo Duquesa procedente de un vestido del siglo XVIII.
Porta diversas alhajas de su ajuar entre ellas el broche antiguo que le regalo la Priostía el año pasado, el broche de los Donantes y destacamos el puñal de oro donado por Juan Rodríguez Vicente y señora, que toma en este triduo de febrero especial protagonismo simbólico por la predicción de Simeón antes nombrada.
Alumbra a la Virgen un bosque de velas y a sus costados los Evangelistas Lucas y Juan por ser los que más escribieron sobre María.
Remata el altar la Corona real y un dosel, ante el pabellón, con una Imagen de la Virgen en su Pura Concepción.

Se adorna el altar con tejidos antiguos de tisú con bordados en oro y sedas de colores, que entonan con la flores naturales de las jarras, en las que aparecen rosas, claveles y hortensias en tonos pasteles, intentando dar ese aire conventual que tanto ha significado en la Historia de la Hermandad, ya que desde su misma fundación en el convento del Espiritu Santo, su estancia durante 8 décadas en el convento agustino del Pópulo, y ahora ya, en nuestra sede canónica propia, en este Santuario, que fue convento de diferentes Órdenes religiosas desde su milagroso origen hasta nuestros días. Por eso estas flores peculiares que recuerdan los bellos fanales de tela, conchas y talco de manufactura monjil.
Junto a los ángeles mancebos de Buiza, el magnífico manifestador aloja de nuevo este año, de manera especial, un cobre antiguo de la Virgen del Pópulo, advocación nacida en Roma. Cuentan que corría 1626, un año que se conoció como el “del Diluvio” por los temporales que azotaron la ciudad. El 25 de febrero la inundación fue tal, que asoló los barrios adyacentes al río, en la calle Harinas el agua descolgó un cuadro que había de la Virgen del Pópulo y junto a él la
lamparilla de promesa que lo alumbraba. Tres días y tres noches estuvo flotando el cuadro sobre las aguas desbordadas y sin separarse de él ni apagarse la lamparilla sin que le afectase el ímpetu de las olas.

Tras este milagroso hecho los propietarios quisieron que se le rindiese culto público prometiendo donarlo a un convento, cosa que se echó a suertes sacando la mano inocente de un niño el nombre del convento agustino de Santa Mónica que pronto pasó a llamarse del Pópulo.
El cobre va rodeado de preciosas flores de talco del siglo XIX y le acompañan dos angelitos que portan elementos simbólicos que completan la catequesis visual del altar de Triduo. Uno porta un cesto con dos tórtolas, en recuerdo de las que ofreció María en la fiesta de la Presentación de Jesús que celebramos, como hacían las familias pobres de su época. Y el otro ángel porta una lamparilla encendida como la que flotó tres días en la riada junto al milagroso cuadro.
La Priostía ha querido que este año aparezca de nuevo esta advocación mariana en nuestro altar, no solo por los vínculos históricos que nos unen sino por dos razones singulares. La primera porque en este mes de febrero se cumplen exactamente 400 años de aquel suceso milagroso que hizo que la avocación se asentase en Sevilla, dando nombre no solo al convento sino al barrio vecino.
Y la segunda razón, la triste circunstancia que nos afecta, con las lluvias persistentes que asolan nuestra región causando estragos en nuestros campos y pueblos , teniendo que desalojar centenares de personas sus hogares y perdiendo todas sus pertenencias. Por todos ellos rogamos a la Virgen para que pase pronto este trance y puedan regresar a sus casas en la mejor de las circunstancias. Los encomendamos de todo corazón y pedimos a María que no los suelte de su mano y que su amor maternal alivie todas sus Angustias.






